30
de octubre de 2007
Los
desvalijadores de maletas del aeropuerto
Abren
los equipajes poco antes del despegue y cogen
rápidamente las cosas que encuentran
de valor. Lo hacen en las bodegas de las aeronaves,
lejos de las cámaras de seguridad y
la vigilancia policial. Su botín preferido
son los objetos de electrónica de última
generación, como las cámaras
y los GPS, aunque tampoco hacen ascos a cualquier
cosa que pueda ser vendida, desde CD de música
hasta ropa de seda. Cuando las víctimas
denuncian se ven sumergidos en un vacío
legal.
¿De
qué aeorpuerto hablamos? ¿Ezeiza
de Buenos Aires? ¿Silvio Pettirossi
en Asunción? ¿Carrasco de Montevideo?
¿Eldorado en Bogotá? No señores,
esta actividad, que el diario El Mundo denuncia
en una extensa nota publicada hoy, se ha puesto
de moda en el moderno aeropuerto de Barajas,
en Madrid.
Sus
autores son algunos de los empleados que trabajan
el handling de las compañías
aéreas, "exactamente los encargados
de subir el equipaje a los aviones. Abren
los equipajes poco antes del despegue y cogen
rápidamente las cosas que encuentran
de valor", precisa la nota de El Mundo.
"Los
delincuentes saben que robar en el aeropuerto
de Barajas no es fácil. Sus 4.000 hectáreas
están controladas por más de
4.000 cámaras, y la vigilancia se extrema
en los patios de carros, zonas de movimientos
restringidos que son responsabilidad de la
Guardia Civil. Cada paso registrado en las
pistas es custodiado permanentemente pero,
por mucho que lo intentan, a los agentes de
seguridad les cuesta dar con estos ladrones".
"Los
pasajeros no pueden demostrar que el objeto
que les falta lo habían metido en la
maleta, ni siquiera aunque posean las facturas
de los mismos", dice una fuente policial
citada en la nota..
"Es
difícil controlar un territorio en
el que transitan cerca de 43.000 personas",
aclara un importante cargo de una aerolínea.
Pero por mucho que haya sospechas, sólo
se producen despidos discretos. Si hay gente
que no se identifica con la empresa y se dedica
a robar, puede hacerlo y lo hará, por
mucho que la gente ponga candados o embale
las maletas", dice pesimista.
"La
predilección de los ladrones por actuar
en las tripas de los aviones es puramente
práctica. Cuando las maletas llegan
allí, ya han sido analizadas por la
Benemérita, y su destino depende únicamente
de los maleteros de cada compañía.
Los bultos más golosos pertenecen a
los pasajeros que viajan en primera clase,
y no sólo porque se le presuponga más
valor a su contenido, sino porque suelen ser
los primeros en entrar en la bodega del avión".
"Los
ladrones tienen por tanto un tiempo mayor,
de 15 a 20 minutos, para hallar algo interesante
en su interior. Una vez lo encuentran, cierran
cuidadosamente la maleta para que no haya
ningún detalle que revele el hurto
hasta que el afectado llegue a su destino,
como le pasó hace dos semanas a José
de la Torre.
Este
ejecutivo de una multinacional de productos
informáticos viajó a Las Palmas
por asuntos de trabajo. Partió del
aeropuerto de Barajas y disfrutó de
un trayecto placentero, sin nada que objetar
hasta que puso sus pies en el hotel. Cuando
abrió la maleta que había facturado
se dio cuenta de que algo fallaba. No es que
le hubieran robado. Es que le habían
dado el cambiazo. Alguien le abrió
la maleta y se quedó prendado por sus
zapatillas Adidas de la talla 40. Ni corto
ni perezoso, el ladrón se hizo con
ellas y las sustituyó por un par de
botas Fal Security de puntera reforzada de
la misma talla".
"Lo
que más me preocupa es que me han abierto
la maleta. Esos caraduras, en vez de unas
botas, me podrían haber metido algo
más peligroso, como droga. Es una violación
de mi intimidad, algo muy grave y un riesgo
monumental. Porque si a mi me meten algo ilegal
después de facturar y luego me para
la Policía en el aeropuerto de destino,
¿cómo explico yo que eso no
es mío?", se queja el afectado.
"El
problema con el que se encuentran los pasajeros,
en cambio, suele ser el contrario. Cuando
las personas se dan cuenta de los objetos
sustraídos y acuden a denunciar el
hecho, se han sumergido de lleno en un vacío
legal. Las compañías aceptan
reclamaciones por tardanza en la entrega de
equipaje y por el extravío, deterioro
o pérdida del mismo. Pero nada más.
Si falta algún objeto dentro se acogen
a las declaraciones especiales de valor, que
casi ningún pasajero rellena.
Los
viajeros deben cumplimentar entonces un Formulario
de Irregularidad de Equipaje (PIR) pero eso
no les asegura nada. El Convenio de Montreal
y los anexos del Reglamento Europeo permiten
que las empresas no tomen medidas legales
"por falta de contenido". Tampoco
sirve dirigir las quejas a Aena. Esta responde
que no «es su problema» y señala
a Aviación Civil, que finalmente dirige
al afectado hacia la comisaría más
cercana. Allí mueren la mayor parte
de casos por falta de pruebas. Fruto de la
desesperación, los pasajeros afectados
ya han comenzado a movilizarse y muchos planean
asociarse y presentar denuncias conjuntas",
termina la nota de El Mundo.
Un
problema generalizado
Este
problema no es patrimonio exclusivo de ningún
aeropuerto. El 26 de éste mismo mes,
ocho empleados de empresas de asistencia en
tierra fueron detenidos en el Aeroparque Jorge
Newbery de Buenos Aires. Se trataba de siete
trabajadores de Aerohandling y uno de Hass,
ambas firmas dedicadas a la carga y descarga
del equipaje despachado en los aviones, quienes
fueron apresados por personal de la Policía
de Seguridad Aeroportuaria (PSA) en los depósitos
de maletas. El pasado día 8, dos empleados
de Aerohandling y otro de Hass, fueron detenido
en circunstancias similares en el aeropuerto
internacional de Ezeiza, también de
Buenos Aires. En el mismo aeropuerto, a principios
de mes, dos empleados de Intercargo, otra
firma del sector, fueron detenidos por la
sustracción de una saca con 80.000
dólares.